miércoles, 25 de marzo de 2015

Un regalo para mamá.



Abro mucho la boca y digo Madre

con los labios, los dientes y la lengua

desnebulando el cielo palatino

a golpes de encumbrada transparencia.


Se me queda la e temblando sola,

enmielada lo mismo que una abeja,

y repito que Madre es la más mía

de todas las palabras de la tierra.


Madre vuelve a sonar cada mañana

entre una luz y una ternura inmensas,

cuando los ojos y los besos se abren

y exclamo Madre y ella está dispuesta


a cogerme la mano dulcemente

camino de la vida y de la escuela:

Tan largas como cortas se me hacen

sus vías para siempre paralelas.


Nos acercamos como dos en uno

al umbral en que es reina la Maestra,

y un cuchillo de plata nos separa

como a las ramas llenas de hojas presas.


Madre se va en el aire balanceándose,

Madre cruje en mi alma y se serena.

Nunca me haré mayor. Soy su regalo.

Arrúllame, Mamá; dime: “pequeña…”

Apuleyo Soto.

1 comentario:

Mari Carmen dijo...

Un regalo precioso a mamá.
Me encantaron los versos.
Muchas gracias por escribir en este humilde rinconcito.
Un abrazo