sábado, 27 de junio de 2015

Flores para el recuerdo

Es la agonía intensa de querer aferrarse a los restos de quien hemos amado.
 A esos despojos de su alma y de su cuerpo que han quedado esparcidos por ahí: es la realidad tan incierta, destrozada e inmortal de sus recuerdos, de sus gestos, sus palabras o tal vez algunos retazos de objetos;
una libreta, 
un encendedor, 
una foto, 
un lapicero. 
O simplemente la fragancia esparcida caprichosamente de algún perfume, la melodía querida de una canción olvidada, el murmullo lejano de sus palabras.  
Son pequeñas cosas, si,  y muertas tal vez, pero  ahora ennoblecidas por la ausencia  y la separación eterna, tienen el poder suficiente para evocar esos momentos tan mágicos pudiendo obrar milagros enteros. Devolviéndonos por un instante, aunque efímero; la presencia fugaz, inasible y desesperadamente presente de aquella persona. 

Alma desnuda

1 comentario:

Mari Carmen dijo...

Simplemente ¡¡Precioso!!
Gracias.