8 Abril
POEMA XXIX
Morada de dulzura, la remolacha hiende
su cónica peonza en la entraña del fondo.
Un penacho de hojas por la umbría se extiende
y deja el rededor mondo y lirondo.
Con su tinta violácea de calamar propende
a escribir en el humus un poema redondo,
y hay que estar atentísimo al fulgor que le esplende
en la piel acerada por un verde muy hondo.
Las ruedas de molino con que sueña en la mesa,
entrega con obleas de una carne fragante
que el agua genitora acumula y espesa.
Un relámpago hiriente, una luna menguante,
y una oblicua raíz de collares de fresa
tinta en sangre se mece y se ofrece pimpante.
Apuleyo Soto

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