10 Septiembre
EL AUTÓMATA
El ojo te mira, reflexiona
y piensa; la boca habla
y lo que dice, alegra
o causa tristeza.
El cuerpo, sumiso, camina
sin rumbo fijo,
observando las estrellas.
Las piernas,
cansadas de caminar,
reclaman sentarse
en un banco del parque
para recuperar fuerzas.
El corazón late, late,
pidiendo prudencia,
mientras el alma,
ente invisible y silencioso,
reclama paciencia.
Y nuestro hombre,
como un robot,
como un autómata,
se levanta
y sigue andando,
como un equilibrista
sobre una delgada cuerda,
sin ser consciente,
sin darse cuenta
de si está vivo o muerto,
o de si vale la pena
existir de esa manera.
Quizá, dentro de poco,
en este mundo ficticio
en el que se encuentra,
afortunadamente,
se le acabará la cuerda.
Luciano Padrón






