4 Julio
SONETO LIII
Sembrar, sembrar, o tiempo ¿y para qué,
si Dios no atiende a la semilla oculta
que en el hondón del alma se sepulta
para un mañana de esplendor y fe?
Sembrar, sembrar, ¡ Oh Dios, qué paripé!,
¡qué oscura y enterrada catapulta
la sonrojada y generosa pulpa
que olvida adónde va y adónde fue!
Siembro un día, otro día...; siempre siempre;
llega abril, llega mayo...; está septiembre
a punto de que el fruto se derrame...
y yo espero y espero y desespero
porque aunque está mi alma en su tempero,
no hay Dios que la socorra ni la ame.
Apuleyo Soto







