7 Mayo
SONETO XXXI
Soy el escriba que sentado advierte
el rojo grosollés de la frambuesa,
el sangriento miniado de la fresa
y el estricto temblor que da la muerte.
Cultivo, con urgencia, cada suerte
como si fuera próxima la huesa,
pues en cada pepita de camuesa,
mi vida se desnuda, entrega y vierte.
Día y noche acompañan mis trabajos.
Tierra y cielo disputan mis destajos.
No hay resquicio a la holganza en este empeño.
Y por más que escribiendo el tiempo apuro,
para alcanzar un hábitat seguro,
sólo sé que es seguro lo que sueño.
Apuleyo Soto.

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