23 Agosto
SONETO LVI
Del cielo no bajáis, aves dañinas,
pues negro manto y curvo pico habéis
y en menos que canta un gallo hacéis
pepitoria mortal de mis citrinas.
¡Ay, hipócritas plumas; ay, indinas
que en el mal del humano os complacéis!,
espero que otra vez no destrocéis
tantas horas azules y divinas
como en el surco deposité humilde:
Esa guadaña aviesa y esa tilde
que os alarga la boca pendenciera
serán pico de oro en mi cartera
como no me hagáis caso, por derecho.
Es el último aviso. Y dicho y hecho.
Apuleyo Soto

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