18 Abril
POEMA XXX
Quieta la azada, el corazón tranquilo,
miro lo hecho despaciosamente.
La acequia se desgrana hilo a hilo
del agua que se tiende arcadiamente.
Estoy a lo que sale; estoy al filo
del surco alabeado y balbuciente.
Es la hora del fruto con sigilo.
Es la hora nupcial de la simiente.
Los días y las noches, en su ronda
suicida me trajeron estos gozos.
No quiero más concierto que la fonda
en amorosos vuelos y alborozos.
¡Oh fértil soledad! ¡Oh tierra honda
para mis años, nunca más, ay, mozos!
Apuleyo Soto.

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