6 Junio
CANTARERÍA
Se llama Cantarería,
la calle donde nací.
La recuerdo para mí
con gratitud y alegría.
¡Oh, calle! remanso pleno
de dicha y felicidad,
gentes nobles, sin maldad
y de alegres niños lleno.
Se iban los padres temprano
para sembrar los trigales,
también algunos chavales
les echaban una mano.
Otros tenían más fortuna
y podían disfrutar
de tiempo para jugar
hasta ver salir la luna.
Mujeres lavando ropas
en la acequia de agua clara
que había junto a la almazara*
o preparando unas sopas.
Sopas de leche y de miel,
endulzada con cariño
para dársela ese niño
con mofletes de clavel.
Ancianos junto a la lumbre
de la hermosa chimenea,
poniendo al candil la tea
como era la costumbre.
Otros en la mecedora,
cuando, en estío, la siesta,
el cuerpo la pide presta
y en silencio se valora.
Corríamos los chavales
a escuchar al pregonero
y detrás del chambilero
-un chambi* por dos reales-
¡Oh, calle! con mucha gente
en verano, en primavera,
hasta el día en que me muera
te he de llevar en mi mente.
Chelo Álvarez,

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