12 Julio
LA LLAGA DEL SILENCIO
Aquella virgen mañana,
donde el sol tan apenado
atravesaba curioso
y resignado la sombra
de arena con olor ocre,
la soledad caminaba
-con la piel tiznada y gris-
asomando su mejilla
ajada por el silencio,
por esos acantilados
testigos de lo vivido.
El repentino vacío,
tan durmiente y tan dormido
en los desnudos tejados
de las palmeras de luz
ondulante, alzaba el vuelo
cual albatros impaciente
que sobrevolar desea
en busca de dulce dicha,
esa música con eco
que acaso roza los cielos
haciendo arder la neblina
cómplice del silencio hondo.
Y, de pronto, acude raudo
el poema a rescatarnos
con su misteriosa luz
para cosernos la llaga
harto sangrante del tiempo
y del durísimo olvido,
desatando con su voz
brillante y tan azulada
las penumbras del silencio.
Miguel Checa

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