13
Septiembre
HECHO
REAL
Kim
se había quedado en casa en varias ocasiones cuando venía de gira
por España una vez al año.
En
esta ocasión por circunstancias adversas teníamos que ir nosotros
al aeropuerto de Madrid para hacerle entrega de su pedido.
Kim
llegaba de su lejano país a las 16:15 Hacía noche en el hotel y al
día siguiente seguía de nuevo su ruta. Allí nos veríamos.
“Ha
llegado usted a su destino” nos dice el GPS.
-
¿Como? Dice mi marido: si esto es la parada de taxis de la Terminal
4 Aquí no hay ningún hotel, a no ser que esté dentro.
-
Vale, espera, yo paso y busco el hotel. Ahora vuelvo.
Allá
que voy a la locura interior con el resguardo que nos había
proporcionado Kim de su reserva y registro.
A
“tropecientos” vigilantes de esos de la chapita colgada, les
pregunté y todos me decían lo mismo. - Señora: los hoteles están
lejos del aeropuerto. Aquí no hay ninguno. En ninguna terminal.
¡No
podía ser! En el papel lo ponía bien claro. HelloSky Air Rooms
Terminal 4 Madrid.
Por
fin encontré a alguien que me dijo: “Sí, está abajo”.
Me
quedé atónita al contemplar la planta baja. Pensé que entraba al
subsuelo de la película “La cúpula del trueno”. Gruesas
tuberías y pilares de cemento y hormigón por doquier, y una especie
de contenedor (de esos que llevan los grandes barcos) iluminado con
rayas azules y blancas donde ponía HelloSky. ¡Vaya, por fin
encontré el hotel! Entré dando trompiconos porque no había losas
alrededor, sólo cemento.
Una
recepción diminuta con cuatros sillas (dos de cada padre) y dos
señores trajeados detrás del también diminuto mostrador.
Después
de los saludos pertinentes les enseño el resguardo y les digo:
-
Hemos quedado en vernos aquí con uno de sus clientes para hacerle
entrega de unas guitarras. Mi marido está mal estacionado en la
parada de taxis. ¿Este hotel dispone de aparcamiento propio?
-
No, señora, este hotel no tiene aparcamiento, tienen que aparcar en
el parking del aeropuerto.
Menos
mal que me acompañan siempre unos angelitos buenos y me hicieron
quedarme con la ubicación en la mente antes de volver al coche.
-
Venga, marido, ya he localizado el sitio, tenemos que dejar el coche
en el parking.
Bueno,
el parking es casi el abecedario completo de la A a la Z
Después
de aparcar vuelvo de nuevo al hotel. Esta vez con mi marido.
Allí
seguían los dos hombres trajeados, uno amable y el otro no tanto.
-
¿Podríamos esperar aquí?
-
No, señora, esto es solo para clientes. Son las reglas.
-
¿Y dejar las guitarras? Por si las roban del coche.
-
No, señora, tampoco. No admitimos “paquetería”. Son las reglas.
- Bueno,
no pasa nada. Ya volveremos cuando llegue su cliente.
No
sé las vueltas que dimos, sin un puñetero sitio donde sentarse
excepto en las cafeterías donde nos desplumaron vivos por dos
bocadillos.
Pasadas
las 16:30 decidimos volver al HelloSky Air con la esperanza
de que ya estuviera allí Kim.
Preguntó mi marido: -¿No han llegado todavía? Si llegan muy tarde tendremos
que hacer noche aquí. ¿Podríamos coger una habitación?
-
No señor, no han llegado. En cuanto a la habitación son 300 euros
por dormir. Son las reglas.
-
Están a punto de llegar, dije yo: ¿Podemos sentarnos en esas
sillas? Estoy muy cansada.
-
No señora, esas sillas son para los clientes. Son las reglas.
Mi
marido dijo: pues vamos a dar otra vuelta.
-
No, contesté yo, ve tu si quieres, yo me quedo fuera a esperar.
Y
allí me quedé afuera, a dos metros de la recepción frente a los
dos trajeados y sentada medio culo en uno de los cruces de una columna
de hormigón y cemento. Ellos me veían pero no me decían que
pasara. “Eran las reglas”.
Cuando
llegó Kim me dio un fuerte abrazo ( no nos habíamos visto desde el
año pasado) y llamé a mi marido para avisarle.
Ya
todos en recepción, uno de los “trajeados” me indica con la mano
una de esas sillas diciendo: -“Ahora, ya se puede usted sentar en
la silla”.
-
Pues mire usted, ahora... ya tengo el culo bien fresco de estar sentada
en el cemento y no me lo voy a calentar en su silla. No se preocupe.
Entramos
a la habitación por un pasillo estrecho que si se tropiezan dos
personas tendrían que cruzarse de lado. Austero, sin cuadros, sin
nada que llame la atención como algo vistoso.
Entramos
y... ¡un “cuchitril”!, limpio, eso sí, pero pequeña, con una
cama de 1,35 otra silla como la de recepción y poco más.
Pensé:
¿y aquí vale dormir 300 euros?
Por
supuesto que no nos quedamos allí.
Así
que ya sabéis amigos, existe un hotel de estas características en
la bajos fondos de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid.
Como
no estoy registrada...no puedo dejar ninguna reseña. “Son las
reglas”
Mari
Carmen