28 Febrero
XVII
La diosa Gea pare a pares flores,
y yo con estos pelos en el campo.
La tienda al hombro, lentamente acampo
y cuento uno por uno los colores.
Se acabaron el polvo y los sudores.
Un cielo de tormenta, azul y ampo,
ata un carro triunfal al hipocampo
de las nubes, henchidas de atambores.
Y llueve como nunca haya llovido.
Y caen chozos de punta en el ejido.
Y es la tierra una ubre de cordera.
Que llueva, que yo estoy bajo cobijo
mientras se alzan la salvia, el apio, el mijo,
la menta, el girasol, la col..., la pera.
Apuleyo Soto.

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