lunes, 28 de marzo de 2016

FEMENINO PLURAL

El vocabulario
de ayuso sexista
se pasa de listo,
inunda las listas:
señoras, señores,
chiquillos, chiquillas,
jóvenes y jóvenas…,
dicen hasta en misa.
Y no paran, siguen
las muy Señorías:
congreso, congresa,
morcillo, morcilla,
senado, senada,
arpíos, arpías,
prohombres, prohembras,
tocinos, tocinas,
obesos, obesas,
finitos, finitas,
obsexos, obsexas
y tíos y tías,
y abuelos y abuelas,
padrinos, padrinas…,
dándonos palizos
y también palizas,
o solo pellizcos
que llaman pellizcas,
igual que repiten
erizos y erizas,
castaños, castañas,
chorizos, chorizas,
siempre con el género
en la boca aprisa.

No iban a caber
tantas palabritas
en los diccionarios
con las susodichas,
ni los académicos
las recogerían
por ser seres sabios
con auto-nombría.
¿Escribo académicas?
Vaya, ya es manía:
forjar el discurso
para la autoestima
de unos y de otras
tras igual porfía
señera y utópica
y descomedida.

Me dan peno y pena
y risos y risas
estas discusiones
que sin par chirrían,
puesto que al idioma
lo diversifican
sin tono ni modo
que le haga justicia
imponiendo dúplices
palabras unívocas
aquellos y aquellas
que juntos las pían:
pavos y pavesas,
gallos y gallinas,
gansos y gansesas,
hormigos y hormigas,
cangrejos, cangrejas,
mariscos, mariscas,
percebes, percebas,
sardos y sardinas,
gambones, gambonas,
papas y papisas.

Ya está bien, amigos,
-¿o tal vez, amigas?-
este bi-lenguaje
de estúpida huida
a ignórase qué
ruta numantina
de talento obtuso
y talenta ofidia
luchando por bordes
diferencias mínimas.

Entre el mujeraje
y la homofobía
cabe un largo trecho
de sabiduría.
Recórranlo ustedes
-camino es de vida-,
evitando hablar
de esa forma ambigua
que no une, separa
de limón a lima,
de chatín a chata
y otras virguerías,
propias de personas
vacuas, presumidas,
con toda una corte
de izas y rabizas
y colipoterras
de celiano escriba.

¿Me pongo el camiso?
¿Cuelgo la camisa?
¿Cambio de chaqueta
o de rebequilla?
¿Me hago un pajarito?
¿Me hago una pajita?
Por Dios, no, que no,
que nada me asfixia.

¡Ay, que me desovo
y que se me orina
en el wáter, wuátera,
la enhiesta colita…,
y a ellas la clónica
cosa clitorítica!

(Perdón, no es mi intento
desfacer honrillas.)
Pero cual o cuala
que cuela esas citas
por quedar correcto
o correcta enclítica,
me la pelan, digo,
me la refanfinflan,
pues no es necesaria
la hinchazón explícita
con el masculino
en la eyaculina
moza placentera
del cura de Hita,
y no hago distingos
ni fago distintas
a unas de otros
bajo la barriga.

Deténgase, pues,
esa onda expansiva
que apura las normas
de la cortesía,
y de la elegancia,
tan resbaladiza,
y del uso estable
de la ortografía,
y convierte en tópicas
las mil maravillas
de hombres y mujeres
unidos, unidas.

Sobran los machitos
y las femen-istas,
huelgan los capones
y las escapistas.
No necesitamos
tantas pantomimas
de inconscientes tontos,
sapos y sapisas,
torpedos, torpedas
y mariposillas.
Amén diga usted
conmigo en las rimas.
Si no está de acuerdo,
tómeselo a risa.

Apuleyo Soto.

martes, 22 de marzo de 2016

Volver a empezar...

Parece que fue ayer
La vuelta al mundo di
Pasaron años tres
Ya estamos aquí

Saludo a toda la grey
De una manera sincera
Si al irme no me despedí
Pido perdón a la dueña
Pues por patas salí
A golpe de esparteña
Huyendo de la competencia
De escritores de ciencia
Apuleyo y Alma Desnuda
Fue la causa de mi fuga.

El tiempo todo lo cura
Para lo que venga estoy
He rehecho mi compostura
De esta página no me voy
Reto a las plumas del mundo
Al que venga me lo fundo
Sin compasión ni cariño
Sea mujer, hombre o niño
Aunque sepan más que un cura
Aviso, ya saben mi postura.

Pirulero Antón/Copiring.

martes, 8 de marzo de 2016

Un montón de hojas

Recogen hojas
dos niños en el campo
cual si fueran monedas
de un país mágico.
Se las entrega a ramas llenas
el padre árbol
batido por la lluvia
del último verano.
A por una, a por dos,
a por tres, a por cuatro…”,
cantan Héctor y Alba
con el oro en las manos.
Y corren, saltan, vuelan
igual que un par de pájaros:
Toma, papá,
para ti este regalo”

Apuleyo Soto.

domingo, 21 de febrero de 2016

El libro de mi vida sois vosotros.


El libro de mi vida sois vosotros:
En él me plasmé igual que una moneda.
Como ninguno mejor otro
en carne, sangre y alma os queda.
Para los restos del amor se queda,
Porque amor es la Ave Fénix mensajera
Que resucita y nuevamente vuela.
De las delicias de la vida buena.
Leedlo con frecuencia ensimismada
cual si fuera una hostia historia consagrada
por a manteneros siempre en vilo,
tira que tira del hilo
del laberinto de la vida.
que continuar debéis
Esto hizo mi padre, esto quería
(Y por eso su vida nos daría),
que hiciéramos como él sus tres nosotros
Recordad con unción a aquel buen padre
Que no tuvo perrito que le ladre,
Ni más amo que él mismo
y gozó de los cielos y sondeó el abismo.
Ripioso como pocos, componía a deshoras
Largas sagas de versos meteoras
Que alumbrarán al mundo porvenir.
Oídme, si queréis, oídme. Oir
El paso de mis ojos por las hojas
Del humor se mantuvo a duras penas,
Tuvo días gloriosos con sirenas
Que le tentaban gráciles, desnudas.
Entre Scila y Caribdis, dudas, dudas
Mas no desatendió sus libreras faenas

Y seguid su talante

Apuleyo Soto Pajares

lunes, 1 de febrero de 2016

Mi TATA

 Doy gracias a nuestro amigo Antonio Martínez Meseguer por compartir con nosotros un cachito de su vida, narrada en esta bonita historia. La veréis también publicada en su Facebook pero ha tenido la gentileza de dar a "Sucina. Poetas y derivados" la primicia.


Transcurría la década de los setenta cuando un servidor se trasladó a El Palmar a realizar sus estudios. Había clase por la mañana y por la tarde, por lo que mi madre me preparaba "la capaza" con almuerzo y comida. De esta última, daba buena cuenta en diversos lugares: bajo un limonero, en una acera, etc. Un día mi buen compañero, Antonio Zamora Bastida, que está en la foto, me pidió que le acompañara a su casa para ayudarle en un trabajo. Era una excusa planeada por él y su madre, la mujer de la foto, La Tata para todo el mundo, para invitarme a comer con ellos. Cómo me tratrarían que estuve comiendo allí durante casi cinco años y bastantes noches me quedé a dormir. Esta mujer, mi Tata, no sólo me quiso como a sus hijos, también me trató igual que a ellos. No pasaba santo o cumpleaños sin que me hiciese buenos regalos, y cada año Los Reyes Magos dejaban en aquella casa algo para mí.
Me gustaría tener la pluma de Lope De Vega, de Bécquer o de Miguel Hernández para poder expresar como ellos todo el agradecimiento y todo el amor que hay dentro de mi corazón hacia esta familia tocada por la mano divina de Dios. ¡Qué buen hombre Esteban!, esposo de mi Tata y que se encuentra junto a ella, en el cielo. ¡Qué estupendos hijos Fernando, mi compañero Antonio y Fina, derrochadora de bondad y con un corazón que emana ternura como pocos! Por supuesto que, ¡vaya nietos! Recuerdo con mucho cariño a Teodorica, para quien yo era su otro tito Antonio. Los demás han venido después y he tenido menos contacto con ellos. Y ¿qué decir de mi Tata? A ella le dije en muchas ocasiones que la quería igual que a mi madre. Más veces me dijo ella que me quería como a un hijo. Cuando después iba a visitarla con mi familia, cómo trataría a mis hijos que, al día siguiente ya me estaban preguntando: -papá, ¿cuándo vamos otra vez a ver a La Tata?
 -Tata de mi corazón, aunque estás en el cielo, sé que me ves y me oyes, por eso, con lágrimas en los ojos y sonriendo mi alma te digo: ¡te quiero! Y doy gracias a Dios divino por haberme dado el privilegio de tener DOS MADRES.

Antonio Martínez Meseguer.

martes, 12 de enero de 2016

Adiós a la vida revuelta del 2015



Que se me va el año,
que se nos va.
Dos mil quince, ceniza,
polvo y nada más,
no por una vida,
por una eternidad.
Que se me fue el tiempo,
que a ti se te irá
a lo desconocido
y sin vuelta atrás.
La ciencia ¿qué ciencia
nos dilatará
la loca carrera
de ser sin parar?
Y además ¿por qué
y para qué ya?
¿Dónde andan Platón,
Cicerón, Juvenal,
Góngora, Quevedo,
Bécquer o Fray Juan?

Dos mil dieciséis
empezando está.
¿Podremos vivirlo
con normalidad?
No nos agobiemos.
No hay rosa inmortal,
pero sin embargo
su olor seguirá…

Apuleyo Soto.

Aún así, no dejaré de soñar...

Dormi un minuto sin soñar  pero desperte con las mejillas ardiendo 
salpicadas con gotas de mar y mis ojos profundos ríos 
quemando como lava de un volcán, y mi corazón agotado de palpitar
esta triste dolido y destruido.
Tantas sensaciones al borde de un colapso de locura
por un sentimiento sin esperanzas,sin sentido...


Alma desnuda.